Una sencilla franja de árboles

Una sencilla franja de árboles

Una sencilla franja de árboles.

No sé si siento rabia o tristeza, o las dos cosas a la vez. Cuando viajo por alguna carretera de entrada a uno de nuestros pueblos o ciudades, pienso que somos gilipollas. La carretera pegada a kilómetros de horripilantes polígonos industriales. La carretera pegada a viviendas, ¿hay derecho?  Y pensar que sería tan fácil. Una sencilla franja de árboles, autóctonos, de los que crecen en un sitio por derecho, sin necesidad de riego ni excesivos cuidados. De los que no piden pan y sin embargo nos dan tanto.

En cuanto sale un rayo de sol en fin de semana escapamos desesperados a los parques, al campo. A respirar aire más puro, aire del que se debe respirar, el que nos purifican los árboles. Una gran mayoría de nosotros vivimos entre semana alejados de la naturaleza, de la que olvidamos que formamos parte.

Y tenemos todo ese entorno urbano de tercera fila, esas franjas de terreno yermo junto a las vías de los trenes, junto a las infames carreteras flanqueadas por naves. Ahí ¿costaría tanto plantar unos árboles?

¿Por qué tratar a la Tierra, a nuestra naturaleza, sin amor, como una extraña y comportarnos como un ladrón en nuestra propia casa? 

 

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Por |2018-09-06T07:09:31+00:00marzo 16th, 2017|Emoción, Microrelatos|Sin comentarios

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