LEYENDA. Microrelato

LEYENDA. Microrelato

Estoy escribiendo en mi cuaderno de viaje De Cyrano en el coche en penumbra, alumbrada por el móvil,  las manos me tiemblan de frío y por el miedo. El viento sopla despiadado fuera. Es de noche y a través de los pocos huecos que dejan los cubre-ventanas no se ve nada, una negrura mayor de lo que haya visto jamás.

La placidez con la que duerme Luis a mi lado no me tranquiliza. Se hace evidente lo obvio: estamos en un paraje solitario en las Highlands, a millas de distancia de cualquier ser humano bienintencionado, a merced de cualquier alimaña. Luis es un loco, un insensato, y yo más por dejarme arrastrar a esto. ¿Dónde estaba mi sentido común cuando me planteó esta idea?  Esta idea ahora tan claramente absurda y temeraria. ¿”Camperizar” la kangoo e irnos a recorrer Escocia durmiendo en cualquier lugar? ¿En serio? ¿Por qué acepté venir?

Todos esos sonidos fuera me ponen los pelos de punta. No vamos a salir vivos de aquí.

Ahora que leo lo que escribí anoche en el cuaderno no me da la risa porque lo que pasó después sigue pareciéndome irreal.

Había detectado algo, un destello fuera. Dejé el cuaderno y cerré fuerte los ojos, como cuando era niña y tenía miedo de noche. Pero ya no soy una niña, volví a abrirlos y acerqué la cara a una de las rendijas de la ventana. Era cierto, mi percepción no me había engañado. Había algo fuera, un pequeño halo de luz que se movía danzando en una especie de ritual. Increíblemente no sentí miedo. El sueño empezó a apoderarse de mí y no recuerdo nada más hasta que he despertado esta mañana con la sensación por primera vez en todo el viaje de haber descansado.

No he contado nada a Luis de lo ocurrido durante la noche. Hemos conducido hasta Drumchork para tomar un desayuno típico de los de la zona. Sorprendentemente nos ha atendido una simpática extremeña afincada aquí desde hace más de quince años. Cuando estábamos a punto de pedir la cuenta ha irrumpido en el local una estrafalaria anciana riendo y repitiendo algo que sonaba así como graj-aiñe, graj-aiñe.

La encantadora española la ha saludado con cariño y luego ha venido a explicarnos, con su divertido acento impregnado de la cantarina entonación escocesa, una antigua leyenda del lugar. La anciana dice haber visto esa noche a Gràch-Aigne: el espíritu de una joven enamorada que se aparece a algunas parejas de amantes y danza para bendecir su amor por el resto de sus vidas.

Por |2018-09-06T07:09:26+00:00julio 11th, 2017|Microrelatos|Sin comentarios

Deja tu comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies
preloader