¿Qué me está pasando? ¿He vuelto a los quince años? Llevamos ya meses con esto.

La primera vez que me fijé en ella ni siquiera me pareció guapa, pero tenía algo. Me pilló mirándola y rápidamente desvió la vista. En las semanas siguientes, no sé cómo, me di cuenta de que subía al tren buscándola. Eso era comenzar las mañanas de otra manera. Cada vez pasaba menos tiempo buceando en mi móvil y más observándola. Era fascinante.

El día que me sostuvo la mirada y me sonrió noté como se me aceleraba el pulso. A partir de entonces cuando subía al tren siempre iba hacia el lado del vagón en el que ella se colocaba. Nos mirábamos y nos sonreíamos a modo de saludo. Cuando ella bajaba, siete paradas después, de nuevo sonrisa de despedida. A veces no iba sola, en esos momentos agudizaba el oído al máximo para cazar detalles de su vida, su nombre. Su voz, algo ronca, me hacía vibrar. Si la hubiera tenido como amiga en Facebook le habría mandado esa e-card que encontré en De Cyrano: “Tú me ves como a un amigo. Yo te miro… y unos dedos invisibles me estimulan.” Por supuesto que no. No podía enviarle eso, por muy cierto que fuera, no quería asustarla.

Un momento, se levanta para cederle el sitio a una señora mayor y se coloca de pie a mi lado. Me sonríe. Se desabrocha la chaqueta y me mira provocativamente, dirige la mirada hacia su camiseta. No puedo evitarlo, sigo la dirección de su mirada. Tiene un cuello precioso y debajo… KISS me!