No todos utilizamos las palabras con el mismo sentido o con la misma intensidad.

Pongamos por ejemplo una de las palabras más hermosas y por lo mismo más manidas: amigo.

Hay quien llama amigo a cualquier conocido. Muchos dirán que todo vale  porque todo es relativo. Entonces, ¿llamamos igual a esas personas que nos llegan al corazón? ¿A los que queremos sin que sean familia, en los que confiamos? ¿Igual que al mero conocido con el que charlamos de trivialidades?

Amigos-amigos, amigos del alma, no son tan fáciles de encontrar. Esas personas que te hacen sentir bien, a los que quieres hacer sentir bien, que te prestan su hombro, a los que prestas tu hombro. Esos seres especiales merecen que su nombre tenga un significado especial, intenso: AMIGO.

Una mano la ofrece cualquiera, un amigo pone en ella el corazón.