La calle de la Montera sube de la Puerta del Sol a la Gran Vía.

Es por la mañana, cuando las tiendas abren sus puertas y los cafés sirven el desayuno. Las furgonetas de reparto y los coches de policía se cruzan con los primeros turistas. Salen de sus hoteles en la Gran Vía y caminan mezclados con los trabajadores menos madrugadores.

Las prostitutas, las vecinas más antiguas de la calle, permanecen impasibles sin mirar a la multitud.

Nada más poner el pie en la calle siento los nervios en el estómago y avanzo despacio, todo lo despacio que se me permite.

A media calle agudizo la vista y en vano intento localizarte entre la gente sentada en la terraza del último café. Ahora sí, me da un vuelco el corazón, estás ahí, tú, tu café, tu cuaderno

Cruzamos las miradas a mi paso por tu lado.

Suficiente para seguir soñando.